"No se plantan semillas de comida. Se plantan semillas de bondades.Traten de hacer un círculo de bondades, éstas los rodearán y los harán crecer más y más".
Irena Sendler
Las madres y las abuelas no querían desprenderse de sus hijos y nietos. Irena las entendía perfectamente, pues ella misma era madre, y sabía perfectamente que, de todo el proceso que ella llevaba a cabo con los niños, el momento más duro era el de la separación. Algunas veces, cuando Irena o sus chicas volvían a visitar a las familias para intentar hacerlas cambiar de opinión, se encontraban con que todos habían sido llevados al tren que los conduciría a los campos de la muerte.
Cada vez que le ocurría algo así, luchaba con más fuerza por salvar a más niños.Comenzó a sacarlos en ambulancias como víctimas de tifus, pero pronto se valió de todo lo que estaba a su alcance para esconderlos y sacarlos de allí: cestos de basura, cajas de herramientas, cargamentos de mercaderías, sacos de patatas, ataúdes... en sus manos cualquier elemento se transformaba en una vía de escape.Logró reclutar al menos una persona de cada uno de los diez centros del Departamento de Bienestar Social.Con su ayuda, elaboró cientos de documentos falsos con firmas falsificadas dándole identidades temporarias a los niños judíos.Irena vivía los tiempos de la guerra pensando en los tiempos de la paz.Por eso no le bastaba solamente mantener a esos niños con vida. Quería que un día pudieran recuperar sus verdaderos nombres, su identidad, sus historias personales, sus familias.Entonces ideó un archivo en el que registraba los nombres de los niños y sus nuevas identidades. Anotaba los datos en pequeños trozos de papel y los guardaba dentro de botes de conserva que luego enterraba bajo un manzano en el jardín de su vecino. Allí aguardó, sin que nadie lo sospechase, el pasado de 2,500 niños… hasta que los nazis se marcharan.Pero un día los nazis supieron de sus actividades.El 20 de octubre de 1943, Irena Sendler fue detenida por la Gestapo y llevada a la prisión de Pawiak donde fue brutalmente torturada.En un colchón de paja de su celda, encontró una estampa ajada de Jesucristo.La conservó como el resultado de un azar milagroso en aquellos duros momentos de su vida, hasta el año 1979 en que se la obsequió a Juan Pablo II.Irena era la única que sabía los nombres y las direcciones de las familias que albergaban a los niños judíos; soportó la tortura y se rehusó a traicionar a sus colaboradores o a cualquiera de los niños ocultos.Le rompieron los pies y las piernas además de imponerle innumerables torturas. Sin embargo nadie pudo romper su voluntad.Así que fue sentenciada a muerte. Una sentencia que nunca se cumplió, porque camino del lugar de la ejecución, el soldado que la llevaba, la dejó escapar. La resistencia le había sobornado porque no querían que Irena muriese con el secreto de la ubicación de los niños.Oficialmente figuraba en las listas de los ejecutados, así que a partir de entonces, Irena continuó trabajando, pero con una identidad falsa. Al finalizar la guerra, ella misma desenterró los frascos y utilizó las notas para encontrar a los 2,500 niños que colocó con familias adoptivas. Los reunió con sus parientes diseminados por toda Europa, pero la mayoría había perdido a sus familiares en los campos de concentración nazis.
Los niños sólo la conocían por su nombre clave: Jolanta.
Años más tarde, su historia apareció en un periódico acompañada de fotos suyas de la época, varias personas empezaron a llamarla para decirle:
"Recuerdo tu cara …soy uno de esos niños, te debo mi vida, mi futuro y quisiera verte…"
Y así algunos de aquellos niños sobrevivientes o sus hijos fueron a visitarla en el hogar de ancianos donde vivía, encadenada a una silla de ruedas, debido a las lesiones tras las torturas sufridas por la Gestapo.

No se consideraba una heroína.
Nunca se adjudicó crédito alguno por sus acciones.
Siempre ante cualquier pregunta sobre el tema, la respuesta de Irena era:
"Podría haber hecho más, y este lamento me seguirá hasta el día en que yo muera."
El 12 de mayo del 2008 "El Ángel del Gueto de Varsovia" se durmió a los 96 años, para volar al cielo al que pertenecía.
Propuesta al Premio Nobel de la Paz, jamás tuvo ese reconocimiento. Pero a ella no le importaba, la vida de 2.500 niños era su preciado regalo al mundo.
Gracias Irena

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